La añoranza tratando de hilvanar un enredo de ausencia y recuerdos. Nostalgia del viaje, de un instante, de una sensación ya pasada imposible de revivir pero sí de evocar, una y otra vez, con los trazos que regalan una fotografía y una memoria sorprendentemente fiel.
Mandalay, Myanmar. Nada especial por hacer. Una calle salpicada de rojo, charcos, barro y una mirada huidiza que, de repente, deja de serlo. Sonrisa silenciosa al otro lado de la cámara. Un abuelo con falda, con las pupilas destilando orgullo. No quiere interrumpir, que no se rompa la magia.

Morriña de esa magia. Anhelo de regresar como bien indica la raíz griega que sufre por no poder hacerlo. El sufrimiento no sirve, mejor mudarlo en impulso para buscar ahora otros destinos donde perseguir más sonrisas. Y así la melancolía que duele sirve de alimento para nuevas ilusiones.
Sola y, sin embargo, rodeada de gente, de bandejas con huevos, de motos, de gotas tímidas de lluvia, y de perros pendencieros. Diciendo adiós con la mano mientras la magia se pierde en brazos por una esquina y te regala una sencilla felicidad capaz de amordazar antiguas zozobras.
Nostalgia.

Agencia de viajes en familia
¿Y si este viaje lo vivieras sin la carga mental de organizarlo?
Llevo años recorriendo el mundo con mis tres peques, y ahora ayudo a otras familias a vivir su gran viaje sin agobios: yo me encargo de todo, tú disfrutas.




