
Cuando las gotas de agua son tan fuertes que ya empiezan a hacer daño e intentas avanzar lo más rápido posible jugando a la ruleta rusa, aparece una choza de los Ifugao en medio de la nada. Resguardarse allí de la tormenta, compartir ese rato con una familia tan modesta que te ofrece asiento y te sonríe sin parar resultó ser un recuerdo inolvidable. Entre perros y pollos también nos recibieron varios niños, uno de ellos nos miraba serio y desconfiado. Bastaron dos risas y una chocolatina para hacerle sonreír. Su felicidad ya no podemos mostrarla porque no merecía la pena perdérsela para buscar la cámara de nuevo. Pero sí le brindamos este recuerdo por convertir una lluvia torrencial en una bendición. Gracias.





