En busca de una geisha en Kioto

Por lunes, junio 26, 2017 19 Permalink 0

Cuando al ir en busca de una geisha encuentras una valiosa enseñanza

Qué malo es viajar con expectativas muy altas. Cada vez soy más consciente de ello. Por eso, ahora trato de llegar al destino lo más virgen posible en cuanto a ilusiones por cumplir. Lo sé, es una curiosa paradoja dado el nombre de este extraño cuaderno de bitácora online que estás leyendo. Hasta hace poco, sin embargo, me empapaba de información antes de partir, devoraba guías con una gula descomunal, buscaba los mejores consejos, y eso hacía que mi cajón de ilusiones rebosara de experiencias por vivir.

¿El resultado? Decepción infinita cuando esos anhelos viajeros no se cumplen, cuando la imponente silueta del monte Fuji nunca aparece en el horizonte o cuando mis inexpertas pupilas ojeadoras son incapaces de encontrar un león entre la malezaY esa ilusión jamás convertida en recuerdo empañaba la jornada y dejaba un regusto amargo que, lo reconozco, no me permitía saborear al máximo el resto de vivencias que podían ser igual o incluso más emocionantes que las otras.

Tuvo que aparecer ella para darme cuenta de mi error, para decidir despojarme de esa dichosa lista de deseables que encorsetaba la ruta y viajar más libre, dispuesta a dejarme sorprender por el camino. Porque ella apareció cuando ya no la buscaba, tras haber desistido de un objetivo que ahora identifico como casi pueril. ¿Quién no quiere ver geishas en su viaje a Japón? Yo sí, yo quería, lo llevaba tatuado a fuego, pasé por Tokio, Nikko, Hakone, Nara, Koyasan, Miyajima e Hiroshima pensando en llegar a Kioto para hacer el recorrido a pie por el barrio de Gion que recomienda Japonismo.

Y allí estaba por fin, pisando el asfalto nipón de las calles de este tradicional barrio de Kioto donde dicen es fácil ver geishas y maikos saliendo o volviendo de trabajar. Había llegado al anochecer con mi ilusión bajo el brazo. Vagabundeé durante mucho tiempo por sus callejuelas de madera, entre casas tradicionales de té, farolillos de papel que arrojaban una hastiado luz sobre el suelo y blasones pintados en tela cuyo significado era incapaz de descifrar.

Y mientras la noche cerrada apagaba el extraño ajetreo silencioso de Gion, mi ilusión se diluía a cada paso sobre ese ya oscuro suelo hasta terminar por desdibujarse del todo. No sé dónde exactamente se perdió, pero sí me acuerdo que la decepción se agarró del brazo del desaliento y juntos me convencieron de volver al hotel. Me negué aún así a guardar la cámara de fotos, pero me obligué a regañadientes a abandonar. Busqué cómo salir de ese pequeño laberinto de madera ya vacío en el que ningún alma, ni japonés, ni turista, osaba perderse a esas horas. Una vez más, una ilusión viajera sin cumplir.

Ni rastro de geisha alguna. Y fue justo en medio de esa soledad noctámbula cuando ocurrió. Escucho una puerta. Al girarme, se cruza ante mis ojos sorprendidos una maiko. De un modo instintivo, mis dedos nerviosos buscan el botón de la cámara para disparar (irónico ese verbo en ese instante) una foto movida, torpe.

Con prisa elegante se pierde por la callejuela de enfrente. Y yo, temerosa de que esa callejuela negra la engulla y se esfume como si hubiera sido simplemente una quimera, me lanzó tras ella. Tan solo se escuchan sus okobos de madera chocando contra el suelo. Unos segundos durante los que una sonrisa infantil me acompaña en la absurda persecución. No quiero pararme, no quiero perderla, no sé bien por qué pero no puedo dejar de perseguir su silueta e incluso me atrevo a fotografiarla de nuevo a escondidas.

Justo al hacer esa foto robada, decido porqué la estoy siguiendo. Quiero pararle, frenar en seco esa maleducada persecución y pedirle, por favor, que me permita hacerle un retrato. Las buenas formas dan sus frutos. Ella no se asusta, tampoco se incomoda, ni se extraña. Simplemente me mira con calma, asiente despacio y  posa ante mi objetivo con una sonrisa. Quizás por dentro se estuviera riendo de mi cara de emoción. Sólo una foto, pienso que si hago más le voy a molestar, siento la necesidad de liberarla ya de mi acoso. Sólo una. Suficiente.

Y allí estamos paradas las dos, solas, de noche en medio de un callejón vacío, manteniendo las miradas un instante. Siento mis ojos iluminarse de una felicidad absoluta y me ruborizo. Ambas nos giramos y emprendemos caminos opuestos. Ilusión convertida en recuerdo sí, experiencia tachada en la lista…  Regusto amargo ahora, felicidad completa en ese momento.

Animada por la magia de ese “inesperado” encuentro, decido que volveré de nuevo con la luz del día por esas mismas calles. Lo cumplo unas horas después pero no me gusta lo que veo. Sí, encuentro otra maiko, pero rodeada de turistas con móvil y cámara en mano. Me siento en medio de un safari urbano en el que la presa es una maiko que espera tímidamente, se gira y trata, sin éxito, de esconderse. Me da pena la situación, me indigno por formar parte de esa cacería fotográfica. Sin embargo, termino dejándome llevar. He aquí el resultado…

Pero el espectáculo aún no ha acabado, falta el remate final. Aparece entonces una geisha (sí, por fin una geisha) dentro de un taxi que para allí delante justo un momento para que la maiko suba. El coche arranca, se va.  Fin del safari urbano. ¿Tienen ya todos sus fotos? ¿Sí? Pues, por favor, abandonen los corrillos, desaparezcan, aquí ya no hay nada ,más que ver.

Fue entonces cuando decidí dejar de viajar con expectativas tan altas. Me dí cuenta que prefería mil veces el instante mágico de la noche anterior que el bochornoso espectáculo en el que yo misma acababa de participar. Me sentí mal por haber forzado cumplir una ilusión viajera, por obcecarme con ver una geisha como si de una presa se tratara.

¿Acaso soy una burda cazadora de experiencias? No. Quiero coleccionar recuerdos sí, pero recuerdos que el viaje me vaya regalando por sí solo, sin tener que provocarlos de un modo tan artificial, sin tratar a las personas como trofeos. ¿Y tú?

Autora: 

Periodista de profesión, viajera por necesidad y escritora por vocación. Voy recolectando por el mundo emociones, ilusiones y recuerdos. Descubre más sobre mí y contacta conmigo aquí

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19 Comments
  • Kate de Viajamos Juntos
    junio 26, 2017

    Ahora que lo pienso… Muy pocos destinos, por no decir ninguno, me han decepcionado. Y ahora entiendo porque ;))) No viajo con las expectativas altas y te digo que sí que funciona 😉
    Un besito

    • Patricia Velasco
      junio 26, 2017

      Sabía que tenía razón!!! Me ha costado aprenderlo pero por fin lo he hecho. Gracias por leerme.
      Un beso

  • Alicia
    junio 26, 2017

    Muy buena reflexión, y tienes toda la razón. Yo también, lo sabes, he hecho este tipo de cosas y no me siento orgullosa por ello. No es que sea un trofeo, al menos no por mi parte, pero sí esas ganas de retratar el mundo con mi mirada, además de mostrarlo, me llevan a insistir demasiado. El afán por hacer fotografía, y retratos en particular, puede llevarte a situaciones tan absurdas y no darte cuenta de que debes parar, no participar en ello. ¿Seré capaz la próxima vez? lo intentaré. Me dará mucha, mucha rabia no llevarme en la memoria las fotos que visualizo en mi mente.
    Otra cosa son las expectativas, y ahí sí que trato de encontrar un equilibrio. Incluso juego a pensar en los sitios soñados adelantando una caída de expectativas, o tratando de ver lo que hay alrededor (que generalmente tiene poco que ver con la postal de turno). Poco a poco 🙂

    • Patricia Velasco
      junio 26, 2017

      Gracias por tu comentario. Veo que hoy tocaba día de reflexiones je,je… Tenemos mucho por aprender desde luego, pero eso es también lo enriquecedor del viaje que nos va enseñando muchas cosas nuevas.
      Un placer leerte por aquí!

  • Claudia Rodriguez
    junio 27, 2017

    Hola Patri,
    Curioso que hoy vuelvo a Kioto, con ganas de conocer un poco más una ciudad que me encantó hace unos años.
    Y, tienes razón, tendemos a viajar con las expectativas altas, ávidos de vivir los mismos momentos que vivieron otros, de tener las mismas fotos de instagram, de tal blog… Internet y las guías de viaje trajeron muy buenas cosas pero otras también regulares. Así que creo que en el término medio está la virtud, igual que el actuar con consciencia.
    Me gustó mucho leerte 🙂
    Un besazo

    • Patricia Velasco
      junio 27, 2017

      Qué gusto leerte por aquí Claudia! Pues estaré muy atenta a vuestra vuelta a Kioto porque a mí también me fascinó la ciudad, más que Tokio la verdad. Yo soy la primera que voy al destino ilusionada a tope (el nombre del blog ya lo indica) pero poco a poco me voy relajando para dejar que el viaje me sorprenda un poco. Como bien dices en el término medio está la virtud.
      A disfrutar de Japón

  • MurZielaGa
    junio 27, 2017

    ¡Grandes reflexiones!
    Yo intento viajar sin demasiadas expectativas, pero hay algunas que casi “te obligan” a crearte… Y quizás una de ellas es la de ver alguna geisha en Japón. Vamos, que yo me vi un poco como tú, “a la caza de la foto”.
    Al igual que me pasó en Sudáfrica con los Big Five o en Irlanda con ver el sol… Son expectativas que te creas casi inevitablemente y que luego pueden llevar a decepciones. ¡Pero es taaaaan difícil luchar contra algunas!
    Así que nada, las expectativas obligatorias me las llevo en la maleta que paso de pelear. El resto ya no existen. 🙂
    Enhorabuena por el post… ¡y por las fotos! 🙂

    • Patricia Velasco
      junio 27, 2017

      Gracias por pasarte por aquí!! Dime que viste leones y mátame de envidia,je,je… Pero si no existen hombre, que es como lo de los Reyes Magos. Ése es un claro ejemplo de la desilusión cuando las expectativas no se cumplen. Me pasé las tres semanas de Namibia y Botswana lamentándome por no haber visto ni un solo león e libertad, en lugar de disfrutar más del resto de bichos.
      Un saludo y ánimo que Noa ya está aquí

  • Sara
    junio 27, 2017

    Sabes que cuando pisé Kioto hace 13 años me pegó un bajón tremendo? Yo no me lo imaginé tan moderno y me esperaba ver samurais y geishas por doquier jaja, es broma, pero fue un palo ver edificios tan altos, un micro Tokio.

    Ahora, intento no buscar sobre todo imágenes porque se quedan en mi cabeza y cuando llego a los sitios no puedo evitar comparar y entonces me llega la decepción.

    Sobre lo de participar en el circo sea perseguir maikos (lo intentamos pero nos sentimos fatal) o sumotoris en Tokio, por ejemplo, es algo que a mi me cuesta. Me encantaría tener la foto del momento porque es un recuerdo único, pero en el fondo, creo que es como si coleccionaramos cromos y fuéramos todos a buscar esa foto que nos falta.

    • Patricia Velasco
      junio 27, 2017

      Está claro que todos queremos tener la foto típica del recuerdo pero se aprende que pedir las cosas por favor da mejores resultados que los “robados paparazzi” que nos marcamos algunas veces. Vas a tener que volver a viajar a Kioto con otros ojos para redescubrirlo de nuevo je,je..
      Un saludo y gracias por leerme

  • Sergio de Con Billete de Vuelta
    junio 27, 2017

    Hola Patricia!

    Tienes toda la razón. Justo este verano vamos a viajar a Japón y estamos informándonos únicamente lo necesario para completar la ruta. A veces pienso que, por el hecho de hacerlo así, puede que luego durante el viaje nos perdamos lugares o momentos “tradicionales” en cualquier viaje al país nipón.
    Pero yo soy de los que pienso como tú: mejor informarse lo justo y tratar de disfrutar todo aquello que el viaje te ofrece. El de tu encuentro casual con la maiko es un buen ejemplo.

    ¡Saludos y felicidades por el post!

    • Patricia Velasco
      junio 27, 2017

      Pues feliz viaje a Japón! Yo reconozco que no fue uno de mis viajes deseados y quizás por las circunstancias personales que atravesaba en ese momento no me enamoró, sin embargo, ahora lo recuerdo con muchísimo cariño y no me importaría volver. Mucha suerte con las geishas de todos modos
      Un saludo

  • Lee de Caires
    junio 27, 2017

    Creo que ya lo sabías porque en un principio no querías participar del safari urbano. Creo que te viste forzada a tomar La foto más por el blog que por ti misma. Si fuera por ti creo que tendrías suficiente con La foto de la noche anterior.

    Escribes que es un deleite. Me encanta tu prosa (al menos en este post, ya tendré tiempo de leerte más)

    Enhorabuena!

    • Patricia Velasco
      junio 28, 2017

      Muchísimas gracias por la visita y te animo entonces a bucear por aquí y leer algo más.
      Un saludo y bienvenido

  • Miguel
    julio 3, 2017

    Patricia : somos un matrimonio argentino , edad 60 años, planificando un viaje a Japón.
    Quisiera conocer el pais , a través de experiencias que luego quedan grabadas en la mente y el corazón. , mas alla del conocimiento de Templos, edificios , etc.
    Pregúnto : que puedes recomendarnos para un viaje de 15 a 20 días ?
    Saludos.
    Miguel

    • Patricia Velasco
      julio 5, 2017

      Hola Miguel:
      Japón tiene miles de rincones donde vivir experiencias inolvidables pero es muy difícil recomendar una ruta porque depende mucho de los gustos de cada viajero, de las prisas con las que se viaje… Yo simplemente puedo decirte la ruta que hice en 15 días que fue: Tokio, Nikko, Kamakura, Hakone, Nara, Koyasan, Miyajima, Hiroshima, Kioto, Himeji y Osaka. Como hablas de experiencias que se quedan grabadas, te dejo las 10 que me marcaron a mí por si te sirven de inspiración: http://deilusionarecuerdo.com/que-hacer-en-japon/

      Un saludo y suerte en el viaje

  • Concha
    julio 6, 2017

    Fantástica reflexión. Además del regalo de tu experiencia, Patricia.
    Se desliza por tus ojos hacia tu cerebro y se cuela en tus recuerdos. Si también en los recuerdos propios. Y vuelves a sentir lo que tú has trasladado. Gracias por la experiencia para aquellos que no podemos acceder a la experiencia pero si a las fotos y la narración.
    También forjas nuestros recuerdos, especialmente para los que con semejantes herramientas nos podemos zambullir en esas vivencias.
    Gracias

    • Patricia Velasco
      julio 6, 2017

      Muchas gracias Concha! Eres la Concha que creo??? Si lo eres, me hace muchísima ilusión leerte por aquí y sino eres la que conozco bienvenida!
      Un besazo
      Patricia

  • Alba
    julio 13, 2017

    Estoy totalmente de acuerdo. Cuándo uno se obceca en ver algo por lo tradicional del lugar o por el simple hecho de que todo el mundo lo ve o vive, dejas de disfrutar de lo que tienes delante. Mi pareja siempre me dice que esto es lo que le ocurre con las fotos, las odia y cree que ese precioso momento lo pierde en ver cosas con sus propios ojos.
    Reconozco que algunos destinos me han decepcionado porque esperaba mucho más y cuánto más viajas, menos te impresionas! Por eso hay que vivir los momentos más que los lugares😝

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